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El aburrimiento, el ocio y la creatividad

El aburrimiento, el ocio y la creatividad

Desde que la era digital empezó a invadir nuestras vidas, desde que ingresamos a la era de la revolución digital, el aburrimiento y el ocio se han convertido en malas palabras. En especial, en los niños y adolescentes, ya que no pueden tener ratos libres (ocio) porque se aburren. Como no se les enseña a gestionar su aburrimiento, entonces se opta, o bien por no dejarles ratos de ocio, o bien se les pone “chupetes” electrónicos para que no molesten con el reclamo “estoy aburrido”.

Pero el aburrimiento y el ocio, son los padres de la creatividad, y eso es algo que la sociedad no se ha dado cuenta. Para el ser humano, en cualquier etapa de su vida, es fundamental tener períodos de aburrimiento y de ocio, porque eso estimula al cerebro a desarrollar la creatividad. El cerebro se pregunta cuando tiene un rato libre y está aburrido “¿qué hago?”, y ahí se empieza a “despertar” la imaginación para ver qué hacer con el aburrimiento. El aburrimiento genera en nuestro cerebro, respuestas creativas para salir del estado de aburrimiento y pasar a un estado creativo.

Cuando era niño y adolescente (nací en 1971 para tener una fecha de referencia), no teníamos internet y las computadoras no se habían masificado. Tampoco había TV cable ni televisión las 24 hrs del día, la programación empezaba después de las 18 hrs de lunes a viernes, y a eso de las 9 los fines de semana. Las escuelas y liceos eran de un solo turno, no teníamos tareas extracurriculares más que el inglés particular dos veces a la semana. En definitiva, tenía muchas horas de ocio, muchas horas para estar aburrido, y tus padres no eran personas activas en brindarte diversión porque trabajaban todo el día. En resumen, tenías que gestionar tu aburrimiento en los enormes ratos de ocio que tenías. Y ahí es donde la creatividad brillaba. No hay como estar aburrido y tener tiempo libre como para que la creatividad haga su juego.

Las opciones que tenías eran, la lectura, el inventar juegos o la actividad física, es decir, los deportes. Y gestionabas el ocio entre esas tres cosas principalmente. También podías hacer cosas artísticas o realizar trabajos acordes a tu edad. De una u otra forma, gestionabas el aburrimiento haciendo algo por voluntad propia y sin que los adultos intervinieran generalmente. No existía la frase ni el reclamo hacia los padres de “estoy aburrido”.

El aburrimiento, el ocio y el equilibrio de la actividad cerebral

aburrimiento

Desde que comenzamos a masificar el uso de los celulares y las computadoras personales y, en especial, en niños y adolescentes, se empezó a generar un desequilibrio en la actividad cerebral, en especial, en el funcionamiento de los hemisferios cerebrales.

El uso adictivo de las pantallas, ha generado una sobreestimulación del hemisferio izquierdo en detrimento del hemisferio derecho. Y, justamente, la creatividad está asociada al uso del hemisferio derecho.

El aburrimiento

El estado de aburrimiento genera que estimulemos al hemisferio derecho, es decir, el lado creativo de nuestro cerebro. Eso permite que el hemisferio izquierdo entre en una fase de reposo, de descanso. Y esa fase de descanso del hemisferio izquierdo es muy beneficiosa, porque permite gestionar mejor la memoria de trabajo. 

La memoria de trabajo está muy ligada al Centro de Regulación de la Atención, de hecho, es uno de los problemas que tienen las personas con TDAH (lo sé porque también tengo TDAH). Cuando se sobreestimula al hemisferio izquierdo, se genera una saturación en la memoria de trabajo y, por ende, en el Centro de Regulación de la Atención. La persona pierde la capacidad de prestar atención y de memorizar. Eso es algo que se ve en la educación, los estudiantes están perdiendo la capacidad de atender y de memorizar, lo cual puede generar la confusión de que tengan TDAH, cuando en realidad se trata de una sobreestimulación del hemisferio izquierdo por el uso de las pantallas de manera intensiva.

Debido a ésto, es que se está alterando el equilibrio en el uso de ambos hemisferios. Al no dejar que los niños y adolescentes se aburran, al permitirles un uso intensivo de las pantallas, lo que se está logrando es una alteración en el uso de los hemisferios. La sobreestimulación, el no dejar que se aburran, genera una sobrecarga de trabajo en el hemisferio izquierdo.

Este desequilibrio en el uso de los hemisferios, también impacta a nivel emocional y en la empatía. El hemisferio derecho está vinculado a la gestión de las emociones vinculadas a la supervivencia, la introspección y la precaución (como el miedo, la tristeza, el disgusto o la compasión). Mientras que el hemisferio izquierdo está más vinculado a la gestión de las emociones de acción y aproximación (como la alegría, el entusiasmo, la motivación hacia metas… y, también de la ira, porque es una emoción que nos empuja a atacar o avanzar). Al usar más el hemisferio izquierdo y dejar de usar el derecho, se genera un bloqueo en la empatía profunda y en la autorregulación afectiva.

El ocio

Lo mismo pasa con el ocio, cuando descansamos, cuando nos dedicamos a actividades que no impliquen el uso del razonamiento, es decir, que actúe el hemisferio izquierdo, lo que estamos haciendo es activar el hemisferio derecho y desactivar el izquierdo. Pero tenemos que tener en claro algo, el ocio no es jugar videojuegos, ni andar haciendo scroll en las redes sociales. El ocio es realizar actividades que nos brinden placer y no para cumplir con una determinada meta. En definitiva, es hacer algo sin importar el tiempo que te pueda llevar.

Puede ser leer un libro, no para estudiar sino por el solo hecho de sentir el placer de la lectura. También puede ser salir a caminar por la playa por el placer de caminar, o construir una mesa de madera, por el solo placer de manipular las herramientas y crear algo. 

El ocio hace lo mismo que el estado de aburrimiento, desactiva el hemisferio izquierdo y activa el derecho. Pero no debemos confundirlo con el “entretenimiento pasivo”, como pueden ser el consumir reels de Instagram, scrollear redes sociales, mirar una serie en piloto automático, eso no es más que entretenimiento pasivo y no ocio. Esto no genera la activación del hemisferio derecho sino que, al contrario, mantiene activo al izquierdo.

El ocio y el aburrimiento están ligados, porque cuando uno tiene tiempo libre, corre el riesgo de aburrirse, y el ocio es qué hacer en ese tiempo libre para nuestro bienestar, y ahí es donde surge la creatividad.

El sociólogo francés Joffre Dumazedier, considerado uno de los padres del estudio del ocio, determinó que el verdadero ocio debe cumplir con las tres D:

  • Descanso (Détente): Libera al organismo y a la mente de la fatiga del trabajo o de las responsabilidades obligatorias. Es la función reparadora. 
  • Diversión (Divertissement): Rompe con la rutina, el aburrimiento cotidiano y la monotonía a través del juego, la evasión o el entretenimiento. 
  • Desarrollo (Développement): Permite la participación social voluntaria y la formación desinteresada de la persona (física, artística o intelectual). Es hacer algo por el puro placer de aprender o mejorar, sin buscar un beneficio económico. 

“Ocio es el conjunto de ocupaciones a las que el individuo puede entregarse con pleno consentimiento, ya sea para descansar o para divertirse, o para desarrollar su información o su formación desinteresada, su voluntaria participación social o su libre capacidad creadora, cuando se ha liberado de (todas) sus obligaciones profesionales, familiares y sociales”. 

Joffre Dumazedier

Libro “Hacia una civilización del ocio”.

La socialización del aburrimiento y el ocio

Volviendo a mi niñez y adolescencia, una de las cosas que hacíamos, era socializar el ocio y el aburrimiento. ¿Cómo? Bueno, ya sea creando juegos para divertirnos y pasar el tiempo, ya sea jugando al fútbol en canchitas por el solo hecho de jugar para divertirnos, ya sea salir a andar en bicicleta para el mismo fin… divertirse en colectivo.

Esa socialización del ocio y del aburrimiento ocurría sin la presencia de adultos, sólo entre pares. Eso generaba que teníamos que establecer reglas de común acuerdo, cuáles iban hacer los límites de la cancha de fútbol, los límites de las áreas de cada arco, cuáles iban hacer los arcos, el tiempo de duración o a cuántos goles si habían más de dos equipos. No había cuadros, los equipos se elegían y armaban en el momento. No había jueces, ya que todos éramos los jueces.

Recuerdo que creábamos juegos para divertirnos, algunos juegos duraban más tiempo, incluso años, como la mancha árbol, en donde nos subíamos al árbol que había (y hay) en mi casa, y teníamos que mancharnos arriba del árbol. Es decir, el clásico juego de la mancha pero arriba de un árbol. Otros juegos eran para un momento determinado.

La socialización del aburrimiento y del ocio, generaba situaciones de frustración, y teníamos que aprender a convivir con la frustración. Que no te eligieron enseguida para formar un equipo, ser el último en ser elegido, jugar en una posición que no te gustaba, o tener que esperar con el equipo afuera de la cancha mientras jugaban los otros dos equipos. Que si era a dos goles, que te hicieran enseguida los dos goles a tu equipo, con lo cual, tenías que salir afuera de la cancha y jugastes solo cinco minutos.

Aprendías a negociar, aprendías a generar acuerdos, aprendías a respetar las reglas, aprendías a sobrellevar la frustración. Todo eso terminaba fortaleciendo tu inteligencia emocional.

Pero eso no ocurre hoy en día. Se juega al fútbol en escuelitas de fútbol o en equipos de fútbol, con lo cual, ya no es jugar para divertirse, para pasar el rato con tus amigos o para generar nuevos amigos, se juega para competir y ganar. Ya no es una actividad ociosa, al contrario, es una actividad que genera estrés y que, al final, termina estimulando el hemisferio izquierdo. No es una actividad donde exista la socialización entre pares, porque ahí son los adultos los que ponen las reglas, con lo cual, no se generan acuerdos ni nada entre los pares.

Hoy en día, y desde hace varios años, los niños y adolescentes no se autorregulan su tiempo libre con actividades ociosas, no se les permite aburrirse, se les pone actividades extracurriculares. Cuando tienen rato libre en los hogares, les ponen pantallas, ya sean celulares, ya sean computadoras para jugar, o lo que fuera. Todo eso hace que no entren en contacto con sus pares para socializar el ocio y el aburrimiento. Y, cuando eso pasa, siempre hay adultos en el medio que no permiten que ellos aprendan a autorregularse. Lo que se está generando, es una contínua estimulación del hemisferio izquierdo, una sedación del hemisferio derecho, una incapacidad de tolerar las frustraciones. Esa sedación del hemisferio derecho, implica también, una incapacidad de generar empatía, una incapacidad de autorregular las emociones.

Pero eso es un tema que quedará para otro artículo.

Conclusión

El ocio y el aburrimiento no solamente son fundamentales para poder desarrollar la creatividad, sino también son importantes para el autoconocimiento y para aprender a manejar la frustración. Si además, le sumamos la socialización del ocio y del aburrimiento, también fomentamos la creatividad social, la empatía, el aprender a negociar, el autorregular tus emociones, entre otras cuestiones que hacen a una convivencia social más saludable.

Pero también tiene implicancias a nivel cerebral, ya que mantiene el equilibrio entre los hemisferios cerebrales, regulando así las emociones y los sentimientos.

La sobrecarga de estímulos a través de las pantallas u otros dispositivos tecnológicos, la falta de tiempo libre, implica una sobrecarga en el hemisferio izquierdo y una falta de actividad en el hemisferio derecho, generando un desequilibrio entre ambos hemisferio y, por ende, de la regulación de las emociones y sentimientos. El ocio y el aburrimiento generan un “descanso” en el hemisferio izquierdo y, al estimular la creatividad, generan una activación del otro hemisferio.

Lamentablemente, desde hace varios años, incluso décadas, los padres no permiten que sus hijos se aburran, no les generan tiempos libres, generando una sobreestimulación de uno de los hemisferios y un desequilibrio entre ambos hemisferios, lo que conlleva, entre otras cosas, a una falla en la regulación de las emociones y sentimientos.

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